| OBSERVAMOS IMAGEN DE LA UTOPÍA |
Los campesinos decepcionados asumen que sus productos no valen nada, mientras los consumidores en las ciudades se quejan de que los precios de los productos agropecuarios cada vez son más caros: ¿A dónde se va la plata?
Y es aquí donde los diagnósticos productivos determinan que quien se hace rico es el intermediario y como medida fijan precio a los productos, cuando el que intermedia lo que hace es sacar su rentabilidad y si el producto no es rentable sencillamente no lo compra, ¿Quién paga los platos rotos?
Y es que el modelo de desarrollo planteado en grandes proyectos gubernamentales sobre Asociatividad Campesina no está funcionando, ya que se fundó como medida miserable del neoliberalismo comercial, para sustentar ganancias hacia los productores con la reducción de los gastos operativos y evadir la responsabilidad de beneficiarlos con un precio más justo.
Toda una excusa junto con los gobiernos que han venido adoptando medidas para fomentar la asociatividad como política de desarrollo y evadir la responsabilidad de controlar los mercados especuladores.
Me consta que tenemos un gobierno estructurado en un buen vivir, y hoy en día en papel existe toda una política favorable al desarrollo agropecuario, tal como lo plantea la constitución en su artículo 276 y un nuevo modelo de Transformación de la Matriz Productiva, que da a entender que tenemos qué hacer, pero no cómo lo vamos a hacer. Y lo preocupante es que ya van 5 años que no se ha generado un sistema dinamizador, que desaparezca el asistencialismo actual por un modelo más integral de gestión por parte del estado; y un precio más justo por parte del sistema comercial que fomente la economía sistémica del sector agropecuario y que tenga como base a la empresa familiar campesina.
Queremos un estado que brinde las facilidades de crecer en un mercado donde se regule la comercialización de productos agropecuarios, direccionando a los comerciantes a adquirir sus productos a los productores y no de los especuladores, que se controle la oferta productiva en base a la demanda requerida por el mercado.
Ahora bien, ¿cómo hacer para que la burocracia entienda la realidad que aqueja al campesino? Existen dos alternativas: La primera una pasantía en cualquiera de las miles de finca-empresas familiares que hay en Manabí, para que siembren, cosechen y después de ese esfuerzo traguen saliva por la indignación de escuchar al especulador decirles‘‘ ¡a ese precio si es que quiere!’’. O bien la segunda, dedíquense a producir y así entenderán qué necesita el campesino.
Se los dice un burócrata que fue y hoy está produciendo y ha entendido que del dicho al hecho hay mucho trecho.